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Debemos animar a los alumnos a que lean. Creo que todos estamos de acuerdo en esta afirmación: padres y madres, maestros, bibliotecarios, etc. ¡La tarea, ciertamente, no es fácil!, y menos hoy día, que los chicos y chicas tienen mil cosas para hacer. Cuando terminan la jornada escolar, aún les quedan unas horas de combate repartidas en actividades extraescolares que, en algunos casos, son lúdicas o deportivas, pero en otros, de contenido muy escolar, como puede ser inglés o, de forma más directa, clases particulares de repaso escolar; así que las pobres criaturas acaban la jornada «laboral» hacia las 8 de la tarde, hora en que van a la ducha y, en seguida, viene la cena. ¿Cuándo podrán conectarse al chat?, ¿o cuándo podrán jugar con la game boy? ¿O cuándo tienen tiempo para tumbarse en el sofá y escuchar música? ¿O cuándo pueden jugar con el escaléxtric o con las muñecas? ¡Uf! ¡Lo tienen realmente difícil! Sin embargo, evidentemente, queremos motivarlos a que lean. La lectura es una actividad en solitario y que requiere de una cierta concentración; por lo tanto, no nos engañemos, no es nada fácil encontrar ni el lugar ni el momento para la lectura plácida. En este sentido, pues, quizá convendría que nos olvidemos de la familia, los padres y madres, que ya tienen suficiente hoy día con pasar fuera de casa ocho o más horas trabajando, y prepararar la comida y la cena, y la ropa, y comprar, etc. Ya será mucho si ellos, los padres y madres, son buenos lectores y crean mínimamente en casa un ambiente de libros, de lectura, de revistas y diarios. Ahora bien, así, de forma explícita o planificada, poco podrán hacer –o sabrán hacer– para lograr crear el hábito lector en sus hijos. Con un poco de suerte, antes de ir a dormir les explicarán un cuento o leerán una página del libro recomendado por la escuela; y posiblemente se dormirán más de una y de dos veces al lado de sus hijos, echados en la cama. Y poca cosa más. ¡Qué le vamos a hacer! Y aquí es donde la escuela juega un papel fundamental. La escuela ha de propiciar el momento, el lugar y las lecturas, cuanto más variadas mejor. Lo importante es leer; hay que encontrar el libro adecuado a cada persona, en función de sus intereses. Porque, como dice Pedro Cerrillo, catedrático de lengua y literatura, el verbo leer carece de imperativo. ¿Por qué nos debemos empeñar, pues, en hacer que todos los chicos y chicas de una clase lean el mismo libro, tanto si les gusta como si no? Como maestros nos debemos exprimir el cerebro y descubrir qué libro podemos recomendar a cada chico y chica. Y, en cualquiera caso, que busquen ellos mismos y elijan, que tengan libros de todo tipo al alcance de la mano, que vivan rodeados de libros, que hablen de libros, que se los expliquen, que vivan las lecturas, que, si puede ser, se encomienden unos a otros el gusto de leer aquello que les ha gustado. Y en todo caso, si creemos en la conveniencia de hacer una lectura colectiva, siempre nos queda el recurso de la lectura en voz alta, una lectura muy recomendable y altamente gratificante, si se hace bien.
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Desde la Galera os queremos facilitar las cosas y por eso hemos diseñado un plan lector bajo unos criterios de calidad. De todo el fondo vivo de la editorial se han elegido aquellos títulos de alto valor literario, de temáticas diversas: policíacos, históricos, humorísticos, dirigidos a diferentes niveles de lectores, etc. Así, podréis buscar y tantear y escoger aquel libro o libros que os parezcan más adecuados para cada alumno. Cada libro va acompañado de un cuadernillo de actividades. Se trata de diferentes propuestas hechas a medida para vuestros alumnos. Podéis encontrar, entre otras, actividades de carácter lúdico, actividades de búsqueda, actividades de comprensión lectora, actividades de empatía, etc.
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El plan lector se estructura en:
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MODELO DE PROPUESTA PARA LA EDUCACIÓN SECUNDARIA
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